¿La aspirina para combatir la metástasis?
- Redacción El Salmón
- 9 mar
- 4 Min. de lectura

La aspirina, uno de los medicamentos más utilizados a nivel mundial, es bien conocida por sus efectos analgésicos, antiinflamatorios y antipiréticos. Desde hace décadas, se ha empleado para tratar el dolor, la fiebre y la inflamación, así como para prevenir enfermedades cardiovasculares debido a su capacidad para inhibir la agregación plaquetaria. Sin embargo, en los últimos años, la ciencia ha comenzado a explorar una faceta inesperada de este fármaco: su posible papel en la lucha contra el cáncer, específicamente en la prevención de la metástasis.
Diversos estudios han sugerido que el uso regular de aspirina podría reducir el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, como el colorrectal, de mama y de próstata. Pero lo que ha llamado particularmente la atención de los investigadores es su potencial para inhibir la propagación de células cancerosas en el cuerpo. A medida que la comunidad científica avanza en este campo, se están descubriendo mecanismos clave que podrían explicar este fenómeno. A continuación, exploraremos en detalle qué se sabe hasta ahora y cuál podría ser el impacto de estos hallazgos en la medicina oncológica.
¿Qué es la metástasis y por qué es crucial su estudio?
La metástasis es el proceso mediante el cual las células cancerosas se desprenden del tumor primario y viajan a otras partes del cuerpo a través del torrente sanguíneo o el sistema linfático, estableciendo nuevos tumores en órganos distantes. Este fenómeno representa la principal causa de muerte en pacientes con cáncer, ya que una vez que el cáncer se disemina, su tratamiento se vuelve mucho más complicado y menos efectivo.
Las células metastásicas son extremadamente resistentes y logran evadir el sistema inmunológico, lo que les permite sobrevivir y colonizar tejidos sanos. Existen múltiples factores que facilitan la metástasis, incluyendo la inflamación crónica, la actividad plaquetaria y ciertos cambios en la expresión genética de las células tumorales.
Por ello, comprender los mecanismos que favorecen la diseminación del cáncer es esencial para desarrollar estrategias terapéuticas que puedan bloquear este proceso. En este contexto, la aspirina ha emergido como un candidato prometedor debido a su capacidad para modular varias vías biológicas implicadas en la metástasis.
Aspirina: más allá del alivio del dolor
La aspirina (ácido acetilsalicílico) pertenece a la familia de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), medicamentos que actúan inhibiendo las enzimas ciclooxigenasas (COX-1 y COX-2). Estas enzimas son responsables de la producción de prostaglandinas, moléculas que median la inflamación y el dolor.
Más allá de sus efectos antiinflamatorios, la aspirina es conocida por su capacidad para reducir la agregación plaquetaria. Este efecto ha sido clave en su uso para la prevención de infartos y accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, los mismos mecanismos que la hacen útil en enfermedades cardiovasculares podrían desempeñar un papel importante en la inhibición de la metástasis.
Durante años, los científicos han observado que el consumo regular de aspirina está asociado con una menor incidencia de ciertos tipos de cáncer. En particular, los estudios han mostrado que los pacientes con cáncer colorrectal que toman aspirina tienen una mayor tasa de supervivencia en comparación con aquellos que no lo hacen. Estos hallazgos han llevado a una serie de investigaciones para entender cómo exactamente este fármaco podría influir en el comportamiento de las células cancerosas.
Mecanismo descubierto: potenciando el sistema inmunológico
Uno de los avances más importantes en este campo proviene de un estudio publicado en la revista Nature, en el que investigadores de la Universidad de Cambridge identificaron un mecanismo clave por el cual la aspirina podría ayudar a prevenir la metástasis.
El estudio encontró que la aspirina reduce la producción de tromboxano A₂ (TXA₂), una molécula producida por las plaquetas que desempeña un papel crucial en la coagulación y la inflamación. Además de su función en la hemostasia, el TXA₂ puede suprimir la actividad de las células T del sistema inmunológico, las cuales son responsables de detectar y eliminar células anormales, incluidas las cancerosas.
Cuando los niveles de TXA₂ disminuyen debido a la acción de la aspirina, las células T recuperan su capacidad de atacar eficazmente a las células cancerosas en circulación, evitando que estas se establezcan en nuevos órganos y formen tumores metastásicos. En modelos animales, esta intervención ha demostrado una reducción significativa en la propagación del cáncer.
Otro efecto relevante de la aspirina es su capacidad para disminuir la inflamación crónica, un factor que favorece el crecimiento tumoral y la metástasis. La inflamación prolongada crea un entorno favorable para la proliferación de células malignas y la supresión del sistema inmunológico, lo que hace que los tumores sean más agresivos y resistentes a los tratamientos.
Implicaciones clínicas y precauciones
A pesar de los hallazgos prometedores, es importante destacar que la mayoría de estos estudios se han realizado en modelos animales o en análisis retrospectivos de pacientes. Para confirmar la eficacia de la aspirina en la prevención de la metástasis, es fundamental llevar a cabo ensayos clínicos a gran escala que evalúen su impacto en humanos con distintos tipos de cáncer.
Además, el uso de aspirina con fines oncológicos no está exento de riesgos. Su consumo prolongado puede provocar efectos adversos, como hemorragias gastrointestinales, úlceras y problemas renales. Por esta razón, no se recomienda la automedicación sin la supervisión de un profesional de la salud.
Algunos ensayos clínicos en curso están evaluando si dosis bajas de aspirina pueden ofrecer beneficios terapéuticos sin aumentar significativamente el riesgo de complicaciones. Si estos estudios confirman su eficacia, la aspirina podría convertirse en una herramienta accesible y económica para reducir la propagación del cáncer en pacientes de alto riesgo.
Estudios adicionales y perspectivas futuras
Varios estudios han respaldado la idea de que la aspirina podría ayudar a prevenir la metástasis en distintos tipos de cáncer, incluyendo el de mama, próstata y colorrectal.
En particular, un metaanálisis de múltiples estudios epidemiológicos ha mostrado que los pacientes con cáncer que toman aspirina regularmente tienen una menor tasa de recurrencia y una mayor supervivencia en comparación con aquellos que no lo hacen.
Aunque los mecanismos exactos aún se están investigando, se cree que la combinación de sus efectos antiinflamatorios, inmunomoduladores y antiplaquetarios juega un papel clave en estos resultados.
En el futuro, los investigadores esperan identificar con mayor precisión qué grupos de pacientes pueden beneficiarse más del uso de aspirina y en qué dosis. También se están explorando combinaciones de aspirina con otros tratamientos oncológicos, como la inmunoterapia, para potenciar su eficacia.
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